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Leonid Ilich Brézhnev, un esbozo biográfico (2)

Esta es una continuación del extracto de las memorias, escritos y discursos de Leonid Ilich Brézhnev, antiguo líder de la Unión Soviética. Lo que aquí se cuenta se narra en primera persona por Brézhnev, desde su punto de vista y siguiendo sus opiniones personales, expresadas públicamente.

Habla Leonid Ilich Brézhnev en primera persona.

La Gran Guerra Patriótica

Año de 1941. 22 de Junio. En la vida de nuestro pueblo llegó una época dolorosa y amarga y al mismo tiempo plena de fe sublime y heroísmo jamás visto. Comenzó la Gran Guerra Patria. Y yo junto con millones de soldados y oficiales soviéticos recorrí el duro y difícil camino de la guerra, desde el principio hasta el fin. Hasta el último día estuvimos dando sepultura a caídos compañeros nuestros.

En todo el trayecto veíamos huellas de las atrocidades fascistas. Vimos a viudas desconsoladas llorando a los muertos y huérfanos hambrientos. Y si hoy me preguntaras cuál es la principal conclusión que saqué yo tras haber pasado desde el principio hasta el último día de la guerra, respondería: no debe haber guerra, no debe haber jamás guerra.

En la guerra no hice apuntes. Pero los 1418 días y noches de fuego se me grabaron en la memoria. Hubo episodios, encuentros y batallas. Hubo momentos, que como sucede a todos los veteranos, jamás se olvidan.

Hoy quiero hablar de un sector del frente relativamente pequeño, al que los soldados y marinos llamaban “pequeña tierra”. Los fascistas empezaron a batir la cabeza de puente ininterrumpidamente y se ha calculado que a cada defensor de la pequeña tierra correspondieron 1.250 kilos de mortífero metal.

Nikita Khrushchev y Leonid Brezhnev en 1942

Quiero marchar al combate siendo comunista. Estas palabras se hicieron legendarias nada menos que antes de cada batalla y con mayor frecuencia cuanto más duros eran los combates. Qué ventajas podía obtener del partido un hombre. Qué derechos podía proporcionarle el partido en la víspera de una mortal contienda. Solamente un privilegio, solamente un derecho, solamente una obligación: ser el primero en alzarse al ataque, ser el primero en alzarse al encuentro del fuego.

Con la mente yo lo comprendía todo. En la batalla son inevitables los sacrificios. Pero el corazón se rebelaba. Lo oprimía un dolor insufrible. Yo mismo escribía cartas a las viudas. En un puñado de tierra yacen las tumbas de los compañeros. El zumbido de mi metralleta resonaba en las descargas con que les rendíamos los postreros honores.

En los frentes de la Gran Guerra Patria cayeron valerosamente 3.5 millones de comunistas y 5 millones de patriotas soviéticos engrosaron las filas del partido en aquel mismo periodo. Hijos fieles del partido, en cuyo nombre llamaban a entablar combate a muerte. Demostraron con su ejemplo personal que el comunista no sólo sabe vivir noblemente, sino también morir con dignidad.

Mi vida en el frente está unida al 18 ejército. Con él, que me encariñé para siempre, me batí en las filas del 18 ejército en las montañas del Cáucaso, cuando allí se decidían los destinos de la patria. Peleé en los campos de Ucrania. Atravesé la cresta de los Cárpatos y participé en la liberación de Polonia, Rumanía, Hungría y Checoslovaquia.

Tampoco olvidaré el magno acto del triunfo. El desfile de la victoria en la Plaza Roja. Hoy cuando se recuerda lo que tocó en suerte a los soldados, oficiales e instructores políticos de nuestro ejército, a veces parece increíble todo aquello y que se hubiera podido soportar. Pero lo soportamos. Lo soportamos todo. Pasamos todas las pruebas y vencimos.

Unión Soviética. Desfile de la Victoria 1945
Desfile de la Victoria en 1945

La posguerra y la reconstrucción

Después de la Gran Guerra no fui desmovilizado de inmediato. Era el caluroso verano de 1946. La hierba había crecido entre la chatarra y los escombros. A lo lejos se oía el aullido de perros sin amo. Todo eran ruinas alrededor. De las ramas de los árboles carbonizados pendían negros nidos de cuervos.

Aquel año el partido me envió a Zaporozhye, Ucrania. Se me confió un sector importante del resurgimiento postbélico. No existían manuales que enseñaran cómo levantar de las ruinas las construcciones incendiadas, destrozadas y voladas. Todo se hacía por primera vez. Todo se hacía de nuevo. Se trataba de una tarea atrevida.

El Comité Central del Partido se proponía que aquella masa humana se convirtiera en una colectividad y que en esa colectividad se forjaran guías, personas que destacaran por su trabajo. Yo las conocía de oídas. Visitaba a menudo las obras y conversaba con ellas en sus puestos de trabajo. En esta situación, lo mismo que en la trinchera del frente, es cuando mejor se conoce a la persona.

Llegó el momento en que llegamos a contar, no por años, sino por meses e incluso por días. Comprendía perfectamente que esta tarea era tan importante tanto en el sentido económico como en el político. El 28 de septiembre celebramos el mitin de inauguración. Frente a la tribuna se encontraba una locomotora decorada con flores y tras ella plataformas cargadas con nuestra producción. Una plataforma ostentaba una pancarta que decía: Zaporozhye entrega su acero a la Patria.

Complejo industrial de Zaporozhye

Vuelta a Dniprodserschynsk

Me siento feliz de haber sido testigo y participante de estas realizaciones. En aquel tiempo tuve que reflexionar y comprender muchísimas cosas. Tuve que aprender mucho. Allí cursé una escuela dificilísima. Partí de Zaporozhye con la conciencia de haber cumplido mi deber. Fui destinado a la región de Dniprodserschynsk, pues me habían elegido primer secretario del Comité Regional del Partido.

Muchos años trabajé en Ucrania. Combatí en su tierra durante al guerra. Y como los demás hombres rusos, conozco bien las maravillosas cualidades del pueblo ucraniano, al que le tomé cariño sincero, filial. Y cuando tengo que visitar los lugares natales, no me deleito simplemente contemplando la belleza de las orilla del Dnieper. Siempre rememoro: aquel camino se tendió o aquel palacio de la cultura se construyó durante mi estancia allí. Y esas fábricas, centrales eléctricas, minas, calles de la ciudad, poblados koljosianos, todos ellos llevan una partícula de mi esfuerzo, mis reflexiones, mis emociones y mis noches en vela.