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Cuando Khrushchev visitó Estados Unidos (2)

Tras el aterrizaje sin incidencias del líder de la Unión Soviética en suelo estadounidense y las primeras horas en el país, el público se comenzaba a hacer una idea de quién era ese hombre al que tanto les habían dicho que debían temer. Khrushchev sin embargo sabía perfectamente lo que debía de hacer a cada momento para ser el centro de atención.

Khrushchev se enfrenta a la prensa occidental

En el club de prensa de Washington una multitud de 500 periodistas participa en la primera sesión abierta de preguntas y respuestas de la prensa occidental con un presidente de la Unión Soviética. La primera pregunta aborda el papel que desempeñó Khrushchev durante el sangriento mandato de Stalin, su predecesor.

A pesar de un comienzo bastante agresivo por parte tanto de los periodistas como de Khrushchev no impidió que la sesión continuara y que los periodistas hicieran preguntas incómodas al premier soviético, sobre todo centradas en su predecesor Stalin, sobre la invasión soviética en Hungría en 1956, sobre la tristemente frase de Khrushchev “os enterraremos”, sobre la libertad de expresión, los judíos y la religión en la Unión Soviética.

Khrushchev respondió a algunas de las preguntas, se rió con otras y esquivó el resto. Dicho de otro modo, demostró que con independencia de todo lo que pudiera ser, era además un político astuto.

Khrushchev en Estados Unidos. Día dos.

A la mañana siguiente, a las 7:52 exactamente, Khrushchev llegó a Union Station de Washington, totalmente preparado para el inicio de su viaje por Estados Unidos. Allí estaba la guardia nacional dispuesta por toda la estación para asegurarse de que el líder soviético no sufría ningún atentado.

La seguridad de Khrushchev era impresionante. Al dirigente soviético le protegían más hombres de los que nunca había protegido a ningún dignatario de visita en los Estados Unidos. Y había razones de peso. En primer lugar, el FBI estimaba que al menos 25.000 estadounidenses querían asesinar a Khrushchev durante su viaje.

En segundo lugar, los oficiales de seguridad soviéticos, el siniestro KGB, habían tenido la amabilidad de informar a sus homólogos estadounidenses de que incluso un fallido intento de asesinato de Khrushchev provocaría un ataque nuclear contra Estados Unidos.

Camino de Nueva York, Khrushchev se enzarzó en una calurosa discusión con su guía oficial durante la visita Henry Cabot Lodge. El tema de la conversación, iniciada por Khrushchev, era cuanto menos fascinante: quién ganaría una guerra nuclear entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Lodge se quedó estupefacto.

Khrushchev junto a Henry Cabot Lodge Jr.

Pero la razón por la que Khrushchev estaba discutiendo sobre ese asunto era muy simple: uno de los puntos de su programa era dejar grabado en la mente de todo el mundo durante el viaje que la Unión Soviética era una superpotencia con la que no se podía jugar.

Khrushchev llega a Nueva York

En Manhattan, la posible zona cero en caso de un ataque nuclear soviético, cientos de miles de personas se echaron a la calle para darle la bienvenida. Bueno, en realidad unos fueron para verlo en persona y otros para protestar. El abanico de protestas era prácticamente ilimitado. Es fácil encontrar temas en los que oponerse cuando se trata del comunista más importante del mundo.

Por razones de seguridad, la comitiva del señor K voló desde la estación hasta el hotel en seis minutos. Al final nadie pudo mirarlo despectivamente o proferir insultos. Murmurando por haber desperdiciado parte del día, la multitud comenzó a dispersarse y al hacerlo, paralizó Manhattan durante varias horas más.

Khrushchev en el hotel Waldorf-Astoria de Nueva York

Mientras tanto, el señor K ya estaba listo para su primer evento formal en la Gran Manzana, el almuerzo del alcalde. Un almuerzo más, incluida la inspección rutinaria con el contador Geiger de la silla, la mesa, y la comida de Khrushchev.

Khrushchev recordaba, “en nuetros país es el gobierno quien paga estos banquetes, pero en Estados Unidos es la gente quien paga dinero por asistir. compran entradas como si se tratara de una obra de teatro o algo parecido. Si se me permite decirlo, esto me recuerda a algo de mi infancia. Cuando era un adolescente, cada año el 14 de septiembre llegaba una feria a la ciudad de al lado. Atraía a gente de todas las edades, la mayoría por el circo y el zoológico ambulante, donde por medio rublo podías ver a un elefante de verdad.Todo el mundo que yo conocía iba a ver aquel elefante. Un año tras otro. Era lo que había que hacer. En Estados Unidos sucedía lo mismo, aunque en lugar de un elefante la gente venía a verme a mí, un oso ruso. Probablemente se preguntaban: ¿qué aspecto tendrá?¿sabrá comportarse en una sociedad educada?¿cómo serán sus modales?¿sabrá sostener el cuchillo y el tenedor correctamente?”.

En la mesa, Khrushchev mostró tener modales. La élite estadounidense durante su encuentro con el líder soviético también supo comportarse. Aunque no podía decirse lo mismo del pueblo estadounidense.

Al día siguiente, en las proximidades del edificio de las Naciones Unidas hubo otra protesta por la presencia de Khrushchev. En la tierra de los libres y la patria de los valientes. Al día siguiente Khrushchev partiría hacia el oeste y nadie podría prever el cariz que tomarían las cosas allí.

Khrushchev parte hacia el oeste

Desde Nueva York Khrushchev se dirigió hasta Los Ángeles en avión. Mucho antes de la llegada de Khrushchev a la fábrica de los sueños, todas las personalidades de Hollywood ya estaban en el Café de París, esperando impacientes al dictador. Incluso Marilyn Monroe, famosa por llegar tarde a todos los eventos, llegó con varias horas de antelación.

Tras una breve comida, Spyros Skouras, presidente de Twenty Century Fox subió al estrado. Su discurso tuvo un inicio muy inusual. Estuvo unos segundos callado en adelante del atril para a continuación girarse y pedir un vaso de agua y beber un trago. Después de varios segundos más callado y con cara seria, se giró hacia Khrushchev, el cual esta sentado justo detras, para darle un sonoro golpe en la espalda y a continuación darle la mano de manera afectiva. Khrushchev recibió bien este gesto y estuvo riéndose durante un par de minutos de manera sincera.

Skouras y Khrushchev

A continuación comenzó el discurso. En un tono relajado y casi festivo, el presidente de la Twenty Century Fox le dijo a Khrushchev: “su país es la mayor corporación, la mayor empresa capitalista, el mayor monopolio que el mundo jamás ha conocido”. Esta calumnia inesperada acerca del paraíso del trabajador debería haber enfurecido a Khrushchev, pero una vez más, el viejo probervio “no es lo que dices, sino cómo lo dices” demostró ser cierto. Khrushchev se lo tomó a broma.

No obstante, las cosas volvieron enseguida a la normalidad. Skouras alabó el sistema americano de igualdad de oportunidades contando su historia personal, de cómo desde un pueblo miserable de Grecia había llegado a Estados Unidos y había logrado fundar la Twenty Century Fox. Khrushchev no se quedó atrás y contó su caso particular. Describió como empezó realizando trabajos agrícolas de niño para convertirse en proletario después y acabar dirigiendo la Unión Soviética.

En este amistoso enfrentamiento sobre las oportunidades de trabajo de ambos sistemas, Khrushchev había ganado claramente. Y decidió orientar su discurso en una dirección que nadie podía haber previsto. Khrushchev alabó Estados Unidos y a su pueblo para a continuación quejarse porque se había cambiado el itinerario de su viaje sin previo aviso, a pesar de que había quedado acordado previamente. Khrushchev se quejó enérgicamente porque no se le permitía visitar Disneylandia.

Mientras todo el público se ponía de pie para darle una gran ovación, todo el mundo sentía una gran estupefacción. Y es fácil comprender por qué. Después de todo, acababan de presenciar una rabieta del dictador comunista de 65 años, porque su visita a Disneylandia había sido cancelada.